Etimología de ‘tocayo’

En casi todos los países de América Latina y España, se le dice “tocayo” o “tocaya” a alguien con el mismo nombre que uno.

Crecí bilingüe en una familia mexicoamericana. Me ha encantado esta palabra desde la infancia. Siempre me preguntaba por qué no había un equivalente en inglés.

Más tarde, estudiando primero la licenciatura y luego la maestría, hice una especialización secundaria en español. El consenso entre mis profesores sobre su origen fue el mismo.

Latín.

Durante las bodas romanas, la novia decía una frase: “Ubi tu Gaius, ego Gaia” (“donde tú eres Gaius, yo soy Gaia”, es decir, ahora compartimos un nombre). El novio repetía la frase, invertida: “Ubi tu Gaia, ego Gaius”.

Ese “tu Gaius”, afirmaban los profesores, evolucionó a “tucayu” y luego a “tocayo”.

Pero estaban equivocados.

La palabra es del náhuatl, el idioma que hablaban los ‘aztecas’ y que hoy hablan (en variedades modernas) 1.5 millones de personas en México.

En náhuatl clásico, la palabra para “nombre” (y reputación) es “tōcāitl”, pronunciado “to KA itl”, con la primera y segunda vocal de mayor duración que la última.

En su forma poseída, pierde la última sílaba:
notōcā — mi nombre
motōcā — tu nombre
ītōcā — su nombre (sing.)
totōcā — nuestro nombre
īntōcā — su nombre (de ellos)

Muchas palabras se derivan de “tōcāitl”, como “tōcāitzin” (madrina) y “tōcāyōtl”, que significa “nombre” u “honor” en el abstracto (el sufijo -yō es similar a -dad o -eza en español).

Seamos claros: no soy el primero en notar las similitudes entre el “tocayo” español y esta familia de palabras. Típicamente, los gramáticos con un poco de conocimiento del náhuatl imaginan que “tōcāyōtl” dio lugar a “tocayo”.

No precisamente.

O sea, no tendría mucho sentido que “notōcāyō” (mi buen nombre, mi honor) se convirtiera en “mi tocayo” en español.

No, es la palabra “tōcāyoh” lo que nos da “tocayo”.

(La “h” representa un “saltillo” o “oclusiva glotal”, un sonido sordo que se produce interrumpiendo el flujo de aire en la glotis.)

La terminación -yoh aquí indica un “poseedor”. La construcción es muy común en náhuatl clásico.
ātl — agua
āyoh — poseedor de agua
tlazohtli — amor
tlazohyoh — poseedor de amor, amado

Hay tres sufijos que indican posesión, propiedad, dominio:
-huah (xōchihuah, poseedor de “xōchitl”, flores)
-eh (caleh, dueño de una casa “calli”)
-yoh (tōcāyoh, alguien que tiene un nombre)

Si agregamos un prefijo de sujeto, formamos una oración de una sola palabra:
tixōchihuah — Eres poseedor de flores.
nicaleh
— Soy dueños de casa.
nitōcāyoh
— Soy poseedor de nombre. Tengo nombre.

Pero si agregamos un prefijo POSESIVO, miren lo que sucede:
notōcāyoh —“mi poseedor de nombre,” o sea, persona que tiene mi nombre. Uno que tiene el mismo nombre que yo.
tinotōcāyoh — eres mi tocayo
nimotōcāyoh — soy tu tocayo

Esa es la construcción que luego pasó al español mexicano. Tanto los nahuas como los españoles tendían a reutilizar los mismos nombres (la clase trabajadora en la sociedad nahua a menudo usaban el número y el signo del día de su cumpleaños, lo que significa que muchas personas se llamaban de la misma forma).

Al convertirse los indígenas al catolicismo, se bautizaban con nuevos nombres ‘cristianos’. De pronto había muchas Marías y muchos Josés, por lo que la palabra náhuatl se hizo muy popular.

¡Había tantos tocayos!

Debo agregar que había una forma más común de referirse a esa persona en náhuatl clásico, utilizando el sufijo -poh (que significa “como [el hablante]”).
tōcāpohtli — persona que se llama como [el hablante]
notōcāpoh — mi tocayo
tinotōcāpoh — eres mi tocayo

Pero esa forma perdió al final. Tocayo ganó y ha perdurado.

Es importante admitir que no tenemos documentos coloniales que comprueban que la palabra proviene del náhuatl. Es solo una inferencia muy probable. Per ojo: muchas de las etimologías que sugieren un origen náhuatl fueron escritas por gente no familiarizada con el idioma. Muy pocas fuentes mencionan el sufijo del poseedor u ofrecen “tōcāyoh” específicamente como la palabra adoptada.

Finalmente, quiero hacer hincapié en que el origen latino es bastante improbable. No hay registro de la palabra “tocayo” en español antes de 1700. Si hubiera evolucionado de “tu Gaius”, lo veríamos desarrollarse en múltiples textos desde dialectos medievales hasta modernos. Su uso sería mayor en España.

Nada de eso es cierto. Su uso es mayor en México.

Se extendió.

Al igual que

  • tomate
  • aguacate
  • chocolate
  • tamal

etc.

Llenó un hueco en nuestro idioma.

Y ahora el mundo es un poco más lindo.

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A Mexican-American author and translator from deep South Texas, David Bowles teaches literature and Nahuatl at the University of Texas Río Grande Valley.

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